Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas

Que te pasa Clarín???

in ,

El diario Clarín, en su suplemento Zonal San Isidro, publicó una nota-perfil sobre Cosas que Pasan!
Agradecemos a todos los que nos han hecho llegar su saludo y la compartimos con todos los que no pudieron verla, sea porque no compraron el diario ese día o porque son Kirchneristas.
Clarín - Zonal San Isidro (Jueves 8 de Julio 2010)



SEGUINOS POR FACEBOOK Y ENTERATE DE TODAS LAS NOVEDADES, INTERACTUÁ CON NOSOTROS Y CLAVANOS UN "ME GUSTA!" www.facebook.com/CQPRADIO
TODOS A FAVOR DE UNA NUEVA LEY DE SERVICIOS AUDIOVISUALES

Vuelve el Radioteatro, vuelve el mejor humor

in

- "Los medios son expertos en tapar todas las manifestaciones sociales y las luchas de los trabajoderes", expresó el sábado en CQP Andrés Carballo, un joven de 26 años que fue despedido de la empresa Kraft (Terrabusi) en 2008. Carballo apoya a sus ex-compañeros en la lucha para que se los reincorpore y no queden en el olvido como le ocurrió a él hace casi dos años. Debido a la poca información sobre el conflicto o mejor dicho, la poca claridad de información sobre la puja entre la patronal y los empleados de Terrabusi, Cosas que Pasan! le dió espacio a la palabra de un ex trabajador de la empresa para que cuente su versión de los sucesos. Quizás la menos escuchada, la menos comprendida. "Los poderes políticos siempre apuestan a lo mismo, a la lucha de pobres contra pobres. Por eso solo le dicen a la gente que cortamos el tránsito porque sí y nunca les explican que más de 160 familias quedaron en la calle", cerró Carballo.

- Además, revivimos lo mejor del acústico de Andrés Zamorano en nuestros estudios y Héctor de José C. Paz nos contó una historia de terror para el recuerdo, que continuará este sábado.

- El humor tuvo su lugar con El Hombre Efectos de Sonidos, directo desde Las Vegas y El Notipasante, a pedido de Noelía de San Fernando.

Para este sábado Cosas que Pasan! prepara...

El Radioteatro: Una Historia de Guerra (Con Darío Frías, Gastón Aranela y David Molina)


- El regreso, a pedido del público, de El Hombre Pajaro (Pajaro Loco) en vivo.
- HUGO y NORMA, una vida de mierda llena de momentos felices.
- Vuelve EL RANKING!!!
- Entrevistas, sorteos, secciones músicales y alguna sorpresita más, como siempre en CQP.

Mail: cosasquepasan2009@hotmail.com

Chat: cosasquepasan2008@hotmail.es

Facebook: www.facebook.com/CQPRADIO

¿Tiempos raros? - Feliz día de la primavera

in

Tiempos raros
x Nicolás Pisano

¿Qué pasó para que me sintiera así? No lo sé, pero pasó. Por primera vez entendí lo que sucede. Comprendí que estoy gastando mi juventud en formarme para “salir a la vida” y crecer. Quizás cuando crezca voy a darme cuenta de que la mejor parte de la vida es este retazo de juventud que pierdo tratando de ser grande. Ya sé que son locuras, pero me puse a pensarlo. Tiempos raros.
Eran las tres de la tarde y había emprendido otro viaje más al centro, a la facultad. Recorriendo el andén del Belgrano, observé a varios grupos de chicos que iban a tomar el mismo tren que yo. Poco observador soy cuando voy para el centro.
Me subí al vagón, pensando en la clase de economía que me esperaba y cuando el sol me pegaba más duro en la frente, el pibe que se sentaba adelante mío en el tren, sacó una guitarra y empezó a tocar. Recién ahí me dí cuenta, era el Día del Estudiante. Primavera. Tiempos raros.
Inevitablemente me remonté a la secundaria, cuando esperábamos ansiosamente el Día del Estudiante o de la primavera. Íbamos a bailar y bien temprano al río, un ritual que repetimos dos años, porque en 2006 nos tocó festejar el día en Bariloche. Tiempos raros.
Debo reconocer que sentía una envidia sana de estos chicos que se iban a festejar bajo el sol, pelota al pie, mate en mano y guitarra al hombro.
En realidad no se cuan sana era mi envidia. Al fin y al cabo, era envidia, ¿no?
Ya con veinte minutos de viaje, pasando Florida, los pibes empezaron a cantar, a aplaudir y a charlar más alto de los volúmenes habituales. Como lo hacíamos con mis amigos hace tan solo cuatro años.
Puse auriculares en mis orejas y subí al mango una canción ochentosa que sonaba en mi mp3, tratando de engañar la situación. Pero fue inútil. Por primera vez en toda mi corta vida, me molestó el ruido de los pibes. Me molestaba que jodan tanto.
El inútil soy yo. Envidia. Vejez en plena juventud. Tiempos raros.
¿Qué pasó para que me sintiera así? No lo sé, pero pasó. Por primera vez entendí lo que sucede.
Quizás esté exagerando, como amante de las historias, suelo hacerlo a menudo. Pero quizás no sea así esta vez y me estoy transformando en un terrible mala onda.
Resentido, me senté y escuché la clase de economía en la facultad. En silencio, en tristeza.
“No pueden ser tan ortivas y mirarnos así, ¿nunca fueron jóvenes?”, decía siempre cuando, hace algunos años, algún pasajero me miraba mal por tocar la guitarra en el colectivo.
El problema es que el ruido me molestó y yo todavía soy muy joven. En el tren respondí con una mirada de la cual no me siento para nada orgulloso.
Envidia. Trenes. Pibes. Pibas. Guitarras. Viejo. Crecer. Colectivos. Mala onda. Problemas. Tiempos raros.
De pronto la solución sería entender que, en realidad, no estoy viejo y que mis conflictos son fácilmente solucionables. Que no existe tal problema y que solo basta con juntar cuatro mangos para el bondi o el tren, llamar a mis amigos y convencerlos de pasar el día entre guitarras y mates. Quizás me dé cuenta de que el tiempo lo mide uno mismo, y que soy joven.
El tema es que ahora te metí en un brete importante a vos. Porque yo tengo 20 años y puedo resolver mis conflictos, simplemente, con algunas actitudes fieles a mi edad.
Si vos tenés más de 30, las cosas son distintas.
Quizás lo que tengas que hacer es asumir tu edad, no darle tanta bola a los pendejos y dejar de leer las estupideces que escribo, cuando me cuestiono la vida en el tren.

Feliz primavera y Día del Estudiante para todos /
Mail:

Onaf tocó en Diabliyo / Crónica de un recital

in ,

Crónica de un recital

Perdoname

Me urge el dilema de la subjetividad. Me senté a escribir algunas líneas sobre el recital Onaf, una banda de amigos. Quizás ni yo sé lo que voy a escribir. Quizás tengo demasiadas ideas juntas, o sueltas.
Quisiera ser el mejor periodista en este momento para esconder mis sentimientos, mi afecto, mi lado humano. Quisiera serlo, pero no lo soy.
Mientras el viernes 7 se convertía en 8 de Agosto, Onaf salió al escenario. Las ganas de llevar gente, la ilusión de nuevos aires y la necesidad necesaria de todo espectáculo musical, hizo que los pibes del grupo llamen a todos para que concurran. A todos. A nosotros también. Fuimos.
Nada dije sobre el show todavía. Estoy pensando y escribiendo al mismo tiempo.
Los parches de una batería polenta comenzaron a vibrar al mismo tiempo que la guitarra era acariciada por su amante más fiel. Por quien mejor sabe tocarla.
Los labios se apoyaron sobre el saxo y fue en ese santo momento, donde el rock amagó a venir. Y clavaron la primer gambeta de la noche.
El recital de Onaf fue en Diabliyo, un antro ubicado en Panamericana y Ugarte. En esas bajadas donde todos bajaron. En esos rincones donde todos pasaron. En ese lugar que pocos miraron, pero que siempre estuvo ahí, esperándolos.
Inevitable es sacarme la idea de que son mis amigos. Imposible es ser subjetivo cuando hay alguién querido de por medio, tocando. Creo que por ahora lo estoy logrando. Escribo bonito y rebuscado, para que mi cariño no manche las líneas de esta nota.
Apenas una hora antes de que todo comience, compartí un café con la mamá y el papá de mi amigo. El batero de Onaf. ¿Dónde estaba mi rock? No sé. Solo sé que fui feliz un rato compartiendo un café, algunas risas y nada más, con sus papás. Y a la mierda la subjetividad. Y a la mierda el rock. No había motos ni camperas. Solo edulcorante.
La banda mostró su nuevo repertorio. Los temas del disco eterno. Ese que nunca sale, pero dentro de poco sale. Ese que nunca llega, pero falta menos para que llegue. Así es el disco de esta banda. Es una mujer preciosa que demora horas, meses, semanas y hasta años en cambiarse. Uno se la imagina bien vestida y se enamora más. Impacienta porque tarda mucho. Pero cuando decide salir de su habitación, luce como nadie. Y en cuestión de segundos te hace el amor, te lleva a pasear, te hace el amor, te regala una cena, un beso y acaba haciéndote el amor otra vez.
Pronto saldrá el disco de Onaf. El material que presentaron en la madrugada del 8.
Transmitieron lo que a veces no saben decir, ni transmitir. Las maravillosas letras mostraron la rodilla y después se taparon con la pollera de una dulce melodía. Son letras que quieren llegar ya a los oídos de todos, pero que siguen buscando el lugar, el cómo, el donde y el cuando.
“¿Te gustó?”, me preguntó mi amigo. “See, estuvo bueno”, le dije muy tibio. Desde ahí empecé con mi dilema de la subjetividad. Por algo del destino, o de esa noche en particular, no quise decirle: “Estás tocando de la puta madre”.
Labios en el saxo, santos momentos, caricias a la guitarra, nuevos vientos, y por lo bajo, Andy hizo su propio show y me demostró como corregir un pifie que todavía no se hizo.
Un chueco que anda cada vez más derecho, me regaló lo demás. Le puso la voz a esta crónica.
Parafraseando a ellos mismos y sobrio al expresarme les diría: “Me gustás, pero no”. Pero como todavía estudio periodismo, cuento con los dedos mis horas de radio y sigo aprendiendo a hablar, les escribo: “Wacho…tocaron lindo, ¿eh?”. Y así se acaba todo. Así se resume. David, un amigo de la vida, me acompañó a ver a Onaf. Lo ví sonriendo tan feliz.
A vos que estás leyendo te pido perdón. Perdoname. Quizás no pude ser objetivo, pero cambié todo cuando un amigo me regaló música. Y quizás ese… era mi verdadero objetivo. Que egoísta que fui… pero que bien que la pase.

Nicolás Pisano /


Gráfica Fassio

Gráfica Fassio

MG Casas

Ricas pizzas

A Nico lo viste